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Medias verdades en los achaques de la vejez

Continuando con nuestro artículo anterior sobre los mitos que existen en la vejez con respecto de nuestra salud, veremos algunos achaques que no son tan reales como muchos nos quieren hacer creer. Una de las primeras cosas que nos vienen a la mente cuando pensamos en una edad avanzada es la pérdida de control de algunas funciones corporales. Algunos estudios han mostrado que personas mayores que sufren incontinencia (pérdida de orina o control de la vejiga) lo atribuyen a la edad. Como tanta gente cree que es una consecuencia natural del envejecimiento en nuestro cuerpo, muchas personas ni siquiera buscan tratamiento para este problema. Lo cierto es que perder el control de las funciones de nuestro cuerpo no es una consecuencia normal de hacerse mayor. De hecho, es usualmente un síntoma de alguna clase de enfermedad, o problema de salud, lo cual significa que no pasa así de repente.

Según varios estudios hechos por organizaciones de la salud, el ochenta por ciento de los casos de incontinencia urinaria puede ser curado o mejorado, por lo que es buena idea buscar ayuda médica si se tiene este problema. Hay muchas posibilidades de quitarnos esta molestia de encima sin importar la edad que se tenga, por lo que no debemos asumirlo porque tengamos cierta edad. Es algo parecido al dicho que por ser mayores ya no podremos cuidarnos de nosotros mismos. Muchos de nosotros creemos que llegados a cierta edad, directamente pasaremos a depender de algún centro de ayuda a mayores, como puede ser un geriátrico. Esto no es del todo cierto.

Solo un pequeño porcentaje de ancianos viven a tiempo completo en un centro para mayores, y una gran mayoría viven en sus propias casas o apartamentos, de los cuales un gran número son capaces de vivir de una forma independiente en su comunidad. Hacerse mayor no siempre significa que se tiene que depende completamente en otros para que nos ayuden. Hoy en día, hay multitud de opciones para elegir cuando se llega a la vejez, donde podemos estar parcialmente o totalmente cuidados. Por supuesto, depende de las circunstancias de cada uno. Lo cierto es que la calidad de vida ha aumentado mucho con los años, y cada vez vivimos más tiempo y mejor. La alimentación y los avances médicos son decisivos en este sentido.

Por último, tenemos unos de las mayores creencias que se ha asumido en la época de nuestra vejez, y es el sexo. Aunque es cierto que según avanzamos en edad, hay ciertos cambios físicos y psicológicos que pueden afectar nuestras habilidades y deseos para tener sexo, nuestra capacidad sexual no desaparece del todo cuando nos hacemos mayores. Mucha gente sufre de una disminución de la testosterona al envejecer (muy importante para esta cuestión), aunque según varios estudios, la mayoría de los hombres y mujeres tienen suficientes niveles para seguir interesados en tener este tipo de relaciones. Si ha esto le añadimos las ayudas por medio de terapias y medicamentos existentes hoy en día, se puede decir que es algo que no es verdad en absoluto.

 
 
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