¿En qué consiste el alcoholismo?
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Hemos visto el típico borracho en las películas de cine y televisión y ya tenemos una idea predefinida de cómo son: Una persona que va tambaleándose por la calle, mal vestida, incapaz de hablar correctamente y dando traspiés de forma continua. Sin embargo, en la vida real el alcoholismo es más difícil de identificar. Los alcohólicos suelen esconder este problema de los amigos y familia, y en muchos casos, de si mismos. Es un problema que afecta a millones de personas en todo el mundo, y cuesta una importante cantidad de dinero a todos los gobiernos de una manera o de otra. ¿Cuál es la diferencia entre beber mucho y ser un alcohólico? ¿Como afecta a nuestro cuerpo el alcohol? ¿Qué consecuencias tiene para la persona con el problema? Mucha gente disfruta un vaso de vino durante la comida o tomarse unas cervezas con los amigos de vez en cuando. Pero para otras personas, una bebida se convierte en dos, y luego en cuatro y luego son incapaces de parar. No todo el mundo que bebe mucho alcohol es considerada alcohólica. La gente que bebe de una forma que afecta a su familia y a su trabajo, y le pone en situaciones peligrosas, se dice que abusan del alcohol. Aunque hay gente que abusa de esta sustancia, no tiene porque desarrollar una dependencia física.
Por otro lado, los alcohólicos tienen una enfermedad crónica y una dependencia física. Sienten una necesidad de beber de igual manera que otra persona tiene una necesidad de comer. Una de los síntomas característicos de esta enfermedad es que en cuanto la persona empieza a beber, no puede parar. Se desarrolla una tolerancia al alcohol, necesitando cada vez más cantidad para conseguir los mismos efectos. Cuando el individuo quiere parar o beber menos, puede tener un síndrome de abstinencia, con sudores, náuseas, temblores, ansiedad y en algunos casos alucinaciones. Para hacernos una idea rápida de los riesgos de convertirse en un alcohólico, un hombre que bebe más de 15 copas a la semana y las mujeres que beben más de siete en el mismo periodo, están en riesgo de ser alcohólicos. ¿Cómo llega alguien a tener esta enfermedad? ¿Por qué algunas personas se hacen alcohólicas y otras no?
El motivo tiene que ver con una combinación genética, psicológica y algunos factores sociales. Los genes son un factor importante para que una personas se o no alcohólica. Algunas investigaciones han indicado que los hijos de alcohólicos tiene cuatro veces más probabilidades de serlo. Mientras que hay estudios que apuntan a factores ambientales, los científicos han determinado que hay un vínculo genético. Se está estudiando qué genes son los provocan este comportamiento para poder desarrollar medicamentos más efectivos contra esta enfermedad.
Los factores psicológicos son otro factor importante. El alcohol altera el equilibrio de las sustancias químicas en nuestro cerebro. Afecta a la parte del cerebro que se encarga de las gratificaciones corporales, como por ejemplo la dopamina. El cuerpo finalmente pide más alcohol para sentirse bien y evitar los efectos negativos. Las personas que con mucho estrés o problemas psicológicos, tienen un riesgo más alto de desarrollar la enfermedad. Por ello, los factores sociales son una causa de este problema. Una vida estresada y con mucha presión puede ser un catalizador para esta enfermedad. Algunos signos de que alguien puede ser un alcohólico son:
- Beber para olvidar los problemas
- Beber a solas frecuentemente
- Mentir sobre los hábitos a la hora de beber
- Perder interés por la comida
- Sentirse mal e irritable cuando no se está bebiendo
- Tener pérdidas de memoria durante una borrachera.
¿Qué ocurre cuando bebemos? Cuando bebemos una bebida alcohólica, el 20 por ciento del alcohol es absorbido por el estómago, y el resto es absorbido por el intestino delgado. Lo rápido que es absorbido depende de la concentración de alcohol en la bebida. Cuanta más concentración, más rápida será absorbida. También depende de si hemos comido algo o no. Un estómago lleno ralentizará la absorción. Después de que es absorbido, entra en el riego sanguíneo y es transportado por todo el cuerpo. Según actúa en el cuerpo, el organismo trata de librarse de el. Los riñones y los pulmones consiguen librarse del 10 por ciento del alcohol mediante la orina y la respiración (qué es por lo que los alcoholímetros pueden medir el nivel que hay en la sangre. El hígado limpia el resto mediante ácido acético. Después de unas cuantas copas, los efectos físicos se hacen evidentes. Estos efectos están relacionados con la concentración de alcohol en sangre. Ocurre cuando se está tomando más cantidad de alcohol de la que el cuerpo puede eliminar.
A largo plazo, esta enfermedad puede dejar daños permanentes, causando que un empequeñecimiento del cerebro y deficiencias en la información que se transmiten las células cerebrales. Una de las condiciones que se pueden desarrollar en una falta de vitamina B. Ocurre porque el alcohol interfiere en la manera que el cuerpo absorbe esta vitamina. Los resultados son confusión mental y falta de coordinación, aparte de problemas de memoria y capacidad de aprender nuevas cosas. Cuando un alcohólico deja de beber, en los tres o cuatro días siguientes, aparece el síndrome de abstinencia, que es el cerebro tratando de ajustar las sustancias químicas modificadas por el alcohol.
Los órganos afectados son varios, y beber en exceso nos puede pasar factura en cualquier momento. Uno de los órganos más afectados es por supuesto el hígado. Es particularmente vulnerable a los efectos de la enfermedad porque es donde se metaliza el alcohol y otras toxinas (convertidas en sustancias menos dañinas antes de ser eliminadas). Las consecuencias pueden ser hepatitis o inflamación del órgano. Los síntomas pueden ser náuseas, vómitos, fiebre, pérdida de apetito, dolor abdominal y tono amarillento de la piel. Un 70 por ciento de la gente con hepatitis alcohólica desarrolla cirrosis. Esta enfermedad acaba dejando el hígado inservible.
El corazón también se ve afectado ya que el alcohol baja la presión de la sangre, y el corazón trata de compensarlo acabando dañado en algunos casos. Beber prolongadamente aumenta el riesgo de un ataque al corazón y otros tipos de ataques. El estomago se ve afectado ya que el etanol lo puede irritar, causando vómitos, nauseas y finalmente úlceras. El páncreas libera insulina y otras sustancias que regulan la manera de transformar la comida en energía para nuestro cuerpo. Beber prolongadamente puede inflamar el páncreas produciendo una pancreatitis. Algunos tipos de cáncer también se relacionan con el alcohol.
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