Consejos para dejar de roncar
Roncar es algo muy corriente que afecta a casi el cuarenta por ciento de los hombres y un 25 por ciento de las mujeres. Si roncas, el sonido que se produce puede ser muy molesto para las personas con las que se está durmiendo, y puede dejar a la persona con la garganta reseca y dolorida. Las personas mayores tienen una mayor probabilidad de roncar, y esto es más cierto entre los 50 años hacia delante. A pesar de su frecuencia y de no darle una gran importancia cuando se trata de las condiciones médicas que puede producir, roncar puede tener consecuencias médicas y sociales que no hay que ignorar. Con algunos simples consejos y detalles que debemos saber, podemos conseguir dormir más placidamente y evitar hasta cierto punto el roncar. De todos modos y como siempre aconsejamos en nuestra Web, si el problema se pone muy serio, hay que ir al médico sin dudarlo.
Una de las primeras cosas que posiblemente ya sabremos, es que cuando dormimos boca arriba, hay más posibilidades de que empecemos a roncar. Dormir boca abajo tampoco es una solución ya que puede ejercer presión sobre el cuello. Lo mejor es dormir de lado, o es su defecto algo ladeado. El exceso de peso es muchas veces el causante de que se ronque, y esto es porque el exceso de grasa también se forma alrededor del cuello, lo que hace que haya más presión en las vías respiratorias y bloqueándolas hasta cierto punto. Por supuesto, esto no significa que nos vamos a ahogar, pero puede hacer que se produzcan esos ronquidos no deseados. De la misma manera, alergias respiratorias crónicas puede causar que se ronque al forzar a los afectados que respiren por la boca mientras duermen. Tomar un antihistamínico justo antes de ir a dormir puede ayudar. Si estás congestionado, intenta usar un nebulizador o spray salino para aliviar la congestión. Nuestro dentista o médico nos puede prescribir algún dispositivo antirronquidos que mantiene los dientes juntos e impide que la mandíbula inferior se relaje y caiga.
El alcohol y las pastillas para dormir pueden deprimir el sistema nervioso central y relajar los músculos de la garganta y mandíbulas, haciendo que la posibilidad de roncar sea mayor. Estas sustancias se conocen también como elementos que contribuyen a la apnea del sueño, una condición peligrosa que se relaciona con las enfermedades cardiovasculares. Nunca se deben utilizar juntas ya que pueden ser muy peligrosas. Si tienes dificultades para dormir, lo mejor es consultar a nuestro médico y que nos de el tratamiento correspondiente. De la misma manera, fumar es uno de nuestros peores enemigos a la hora de provocar ronquidos, aparte de dañar nuestro sistema respiratorio y causar otros problemas que todos ya conocemos. Por tanto, no hace falta decir lo que debemos hacer a este respecto.
Dormir bien y hacerlo correctamente es fundamental si tenemos problemas de roncar. Hay que intentar acostarnos y levantarnos todos los días a la misma hora. Dormir una buena cantidad de horas y hacerlo de una forma similar durante toda la semana, puede ayudarnos a evitar esos patrones que hace que ronquemos en ciertas circunstancias. Algunas veces, las mujeres embarazadas puede tener este problema y comenzar según se está cogiendo peso y por motivo de los cambios hormonales causados por el embarazo. Con estos cambios, los músculos pueden relajarse con más facilidad y provocar los ronquidos. Se debe ver a un médico por este motivo, ya que una falta de oxígeno no es bueno ni para la madre ni para el niño.
Dormir con la cabeza un poco levantada con la almohada puede quitar algo de presión de las vías respiratorias, haciendo que se respire mejor. Esto es un pequeño truco y una buena forma de impedir el comienzo de los ronquidos. De todos modos, roncar excesivamente puede indicar que tenemos un problema de apnea del sueño, lo que no debemos ignorar. Debemos ir al médico si nos despertamos por la noche jadeando y tosiendo, no nos sentimos descansados por la mañana, estamos excesivamente cansados durante el día, nos despertamos con dolor de cabeza o tenemos problemas de concentración y para prestar atención. Es un problema que no hay que tomarse a la ligera porque puede interferir en nuestras funciones diarias y ocasionar problemas asociados.