¿Son las duchas de agua caliente malas para la piel?
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El mundo puede ser cruel a veces. Las comidas más sabrosas son malas para la salud, las cosas que más nos gustan suelen ser más caras, y las duchas calientes, por desgracia, son malas para nuestra piel. De todos modos, ¿Cómo algo tan benigno como el agua caliente puede causarnos problemas en la piel? Vamos a empezar hablando de la estructura de la piel para comprenderlo. Mientras que nuestra piel está formada por tres capas, las duchas de agua caliente afectar a la capa más externa, que es la epidermis. La epidermis está prácticamente compuesta de células de piel cargadas con keratina, la misma sustancia de la que están hechos nuestros cabellos y las uñas. Estas células no solo proveen de una fuerte defensa contra el entorno que nos rodea, sino que también ayuda a nuestra piel a retener humedad. Para que estas células puedan retornar la humedad de la piel, tu cuerpo produce una fina capa de aceite. Juntos, la capa más externa de células de piel y aceite forman la capa córnea (stratum corneum), y es esta capa la que se ve dañada durante una ducha caliente.
Para empezar, el calor generado por la ducha hace que el aceite de la piel se diluya, de forma parecida a como lo hace la mantequilla cuando se le aplica calor. Si añadimos algo de jabón en la mezcla, la capa de aceite de nuestra piel será barrida rápidamente. En principio, tampoco es algo tan malo. Esa misma barrera de aceite atrapa la suciedad y el sudor, lo cual lleva al olor corporal. Aun así, sin estos aceites, la humedad en nuestra piel se escapa fácilmente, lo cual nos lleva a tener una piel seca e irritada. Cuanto más larga y caliente sea la ducha, más rápido será el proceso y más humedad se perderá.
Una vez que sales de la ducha, puede que notes que la piel se te pone roja y te tengas picores, lo cual es un signo claro que la piel ha comenzado a secarse. Con duchas calientes regulares, puede que también note que ciertas partes de la piel se pueden pelar o a formarse grietas. Por desgracia, el aire seco del invierno solo empeora el problema, erosionando incluso más humedad de la piel, por lo que lo mejor es evitar la tentación de duchas muy caliente. Las buenas noticias son que con solo unos pocos cambios en la rutina diaria, la mayoría de la gente puede tratarse el problema de la piel seca ellos mismos. ¿Cómo podemos combatir esta sequedad tan mala para nuestra piel? ¿Y los picores y la piel enrojecida que podemos tener al salir de la ducha?
Lo primero es asegurarnos de mantener las duchas que tomemos en periodos cortos, de no más de diez minutos. En segundo lugar, hay que mantener la temperatura del agua a un nivel medio durante la ducha. No tiene porque estar fría y causarnos impresión, pero de ninguna manera demasiado caliente. Aparte de impedir que nos escaldemos, también lo notaremos económicamente. Otra cosa que debemos saber, es que los baños tienden a secar la piel mucho más que las duchas. Cuando te duches, puedes considerar usar jabón solamente en áreas donde sudes, como por ejemplo en los sobacos, pies, etc. Algunos dermatólogos incluso recomiendan ducharse menos frecuentemente, por ejemplo un día si y otro no. Por supuesto, esto no es viable en muchos casos.
Una vez que hayas acabado la ducha, otra cosa que nos puede beneficiar es secarnos dándonos ligeros toques con la toalla en lugar de frotarnos, y después aplicarnos una crema hidratante. Este tipo de productos actúan como un sustituto temporal para los aceites naturales de nuestra piel, y previenen que desaparezca la humedad de nuestra piel. Es mejor aplicar estos hidratantes nada más salir de la ducha, ya que cuanto más tardes en hacerlo, más humedad se perderá. Si tienes problemas de piel seca intenta evitar arrascarte, lo cual puede irritar nuestra piel aun más. Siguiendo todos estos consejos, deberíamos ser capaces de tener la piel seca bajo control, aunque siempre hay que visitar al dermatólogo si el problema es continuado.