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Historia de la amputación

Restos arqueológicos han demostrado que las amputaciones se han realizado desde tiempos antiguos. Sin embargo, las primeras amputaciones eran realizadas para principalmente quitar tejido que ya estaba muerto. La razón de esta limitación es que las técnicas quirúrgicas más tempranas con podían controlar la pérdida de sangre que resultaba al cortar arterias sanas. Cirujanos en la antigua Grecia y Roma solucionaron el problema introduciendo la técnica de atar o ligar los vasos sanguíneos durante la operación. Curiosamente, las técnicas que utilizaban parece que fueron olvidadas durante los siguientes siglos, y se cauterizaban los vasos sanguíneos con hierros al rojo vivo o aceite hirviendo. Los avances en procedimientos de amputaciones parece que han surgido sobre todo en tiempos de guerra. Las técnicas introducidas por el cirujano militar francés Ambroise Paré fue un buen ejemplo de esto. Debido al aumento de la pólvora y las armas de guerra asociado con ella, este cirujano necesitó métodos más efectivos para tratar a los soldados de devastadoras heridas producidas en el campo de batalla. Entre sus importantes contribuciones, volvió a introducir la técnica de la ligar los vasos sanguíneos, tal como hacían los griegos y los romanos.

Otro importante avance en la historia fue también la introducción a las operaciones quirúrgicas del torniquete, lo cual controlaba mejor la pérdida de sangre durante la amputación. Por supuesto, otra importante innovación que el paciente sin duda fue la que más aprecio, fue la anestesia. Es difícil de imaginar, pero los gases anestésicos no fueron desarrollados hasta el año 1840. Todos estos descubrimientos fueron puestos en marcha de forma extensiva durante la guerra civil americana, donde se realizaron miles de amputaciones. La pequeña bala de plomo de esos tiempos pulverizaban los tejidos como ningún arma lo había hecho hasta el momento, lo cual explica que el 75 por ciento de las cirugías que se hacían en el campo de batalla eran amputaciones.

Basándonos en los estándares de hoy en día, las amputaciones que se hacían en el campo de batalla de la guerra civil americana eran primitivas. Por un lado, el concepto de mantener un entorno estéril libre de gérmenes no se había desarrollado. Los cirujanos rara vez se lavaban las manos, y apenas podían lavar su instrumental entre cada operación. La meta principal era la velocidad. Para poder atender a todos los pacientes posibles, las operaciones eran hechas con mucha rapidez – normalmente entre diez y quince minutos. El cirujano dormido al paciente con un trapo mojado con cloroformo y entonces rápidamente aplicaba un torniquete por encima de la herida antes de cortar la piel y músculos. Lo siguiente era aserrar los huesos – los cirujanos de esta guerra civil recibían el apodo de corta-huesos - y los vasos sanguíneos eran cosidos mediante sutura.

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Finalmente la piel era cerrada alrededor de la zona de amputación, dejando un agujero un drenaje de donde podía fluir líquido. Aunque nos pueda parecer fuerte, los miembros eran apilados en grande montones fuera de la tienda de campaña que hacía de hospital. El promedio de muertes después de estas operaciones eran elevadas si las comparamos a los estándares de hoy en día. De hecho, uno de cada cuatro pacientes morían después de la cirugía, pero la mortalidad se doblaba si la operación no se hacía en las primeras 24 horas. Las muertes se producían en parte por infecciones por bacterias que llamaban “fiebres quirúrgicas”, como resultado de no esterilizar el instrumental. Aun así, miles de vidas fueron salvadas por estas operaciones durante la guerra civil americana. Desde entonces, muchos avances se han hecho y las técnicas han cambiado.

Hoy en día, se prepara y planea mucho los procedimientos antes de hacer una amputación. El paciente primero conoce el cirujano y otros médicos relacionados. Juntos hablan de cosas importantes relacionados con la operación y el paciente es educado sobre el procedimiento y que esperara después. Se habla de la anestesia y el nivel de amputación y normalmente todos los asuntos relacionados son tratados. Se suele hablar también de la prótesis que se va a utilizar. Un especialista en esta materia habla con el paciente y toma las medidas oportunas para poder construir la prótesis. Si hace falta, también un psicólogo entra en escena, ya que perder un miembro puede ser particularmente traumático para muchos pacientes.

El cirujano debe planear cuidadosamente los detalles de la operación manteniendo varios objetivos en mente. Por ejemplo, es crítico conseguir quitar todo el tejido dañado que no va a poder sanar. Dejar tejido dañado haría que la amputación no sirviera de nada y empeoraría la situación del paciente. Por otra parte también tiene que pensar en preservar todo el tejido sano que sea posible, sobre todo en las articulaciones, ya que esto puede mejorar el funcionamiento de la prótesis. Cuando se toma la decisión de amputar un miembro, el cirujano tiene que evaluar que tejidos tienen la mejor posibilidad de salvarse. Una manera de hacer esto es medio el suministro de sangre en el área. Para este propósito hay varias técnicas muy sofisticadas para medir factores como el flujo y presión de la sangre y la temperatura de la piel.

La excepción a esto es una situación donde no hay tiempo para planear, como por ejemplo un accidente. En algunos casos de emergencia, la amputación es la única opción posible. Una vea hechos los arreglos, el procedimiento de amputación comienza una vez que el paciente es anestesiado. Dependiendo del tipo de cirugía que se aplica, la anestesia puede ser general o local. La general dejará al paciente totalmente dormido y la local solo dormirá la zona que se va a operar.

 
 
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