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Sobreponerse a un trauma

Somos afortunados si pasamos si pasamos por esta vida sin pasar por algún tipo de experiencia traumática. Por desgracia, muchos de nosotros no tendremos la suerte de escapar a ese destino. Los expertos estiman que un sesenta por ciento de los hombres y un cincuenta de las mujeres experimentarán al menos un trauma en sus vidas. Nadie puede anticipar eventos trágicos, como casi perder la vida en un accidente de coche o avión, o verse en vuelto en un atraco en una tienda. No importa como ni cuando ocurra, un trauma es algo que puede quedarse con la persona durante el resto de su vida. Puede cambiar la forma de ser, la forma de comportarse y la propia esencia del individuo. Sin embargo, hay una cosa que es indiscutible: ha una vida después del trauma. El tipo de vida depende de la persona y de lo que quiere hacer para que la experiencia es algo que la pasó y no algo que la definió.

¿Qué es un trauma entonces? Para aprender a sobreponernos a un trauma, primero hay que entender lo que es. Hay muchas definiciones, y una de ellas es cualquier situación que una persona percibe como algo de lo que no puede escapar, cuando están confrontados a una amenaza real física o psicológica ellos mismo y otras personas. Una muerte psicológica puede ser un hecho donde una persona percibe que la vida como la conocer se ha acabado. Un ejemplo puede ser alguien que es descubierto cometiendo un fraude a sus clientes, y puede ir a la cárcel. El trauma de muerte psicológica es que lo va a perder todo.

Hechos inesperados, como observar o vivir un desastre natural, un accidente serio o un crimen violento, puede afectar mucho a una persona y pasarle una fuerte factura emocional. Algunas veces no hay signos visibles de daños en el cuerpo, pero las cicatrices emocionales se pueden estar empezando a formar. Este es el motivo por el que mucha gente que experimenta traumas tiene reacciones emocionales tan fuertes. Algunas personas se quedan bloqueadas o se vuelven emocionalmente inestables, Otras tienen recuerdos súbitos de la experiencia y se vuelven muy irritables o exaltadas. Se puede llegar a evitar a otras personas, sitios, conversaciones y básicamente aislarse del mundo. También se puede llegar a una adicción a las drogas o al alcohol para sobreponerse al problema. ¿De donde vienen todas estas emociones?

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Los sentimientos y reacciones empiezan en un sitio: el cerebro. Es bien conocida la reacción que puede tener nuestro cuerpo como respuesta psicológica a una situación extrema: huir o pelear.  Se trata simplemente de supervivencia. Sin embargo, hay una tercera opción: quedarse congelado. Durante un episodio traumático, nuestro cerebro puede también enviar señales bioquímicas para nuestro cuerpo para quedarnos temporalmente inmovilizados.  Nuestro cerebro es el que lo controla todo, no nosotros. Hay médicos que atestiguan que hay personas que se quedan inmovilizadas, no porque sean cobardes, sino porque el cerebro les ha dicho que lo hagan.

Una respuesta al peligro puede también desatar hormonas de estrés que provocan reacciones en nuestro cuerpo, como subida del azúcar en sangre, subida de latidos del corazón y de los niveles de adrenalina. Cuando una experiencia traumática ha terminado, el cuerpo vuelve a su estado normal. Sin embargo, si la situación traumática es prolongada o repetida, el cerebro se puede quedar “atrapado” en un estado de alerta. Responder a estos traumas era muy necesario durante la era de la evolución humana. Después de que nuestros ancestros se encontraran con depredadores y escaparan por poco, su cerebro les ordenaba calmarse después. También les recordaba la experiencia para tener más cuidado la próxima vez.

En la sociedad moderna, no necesitamos estos recordatorios de nuestro cerebro porque existen por todos los lado. La gente tiene que revivir experiencias una y otra vez por medio de los comentarios de otras personas, los medios de comunicación y otras formas. Uno de los trabajos del cerebro es ayudarnos en caso de ataque y desarrollar capacidad de supervivencia para el futuro. Sin embargo, su la respuesta a esto se convierte en una forma de vida, es un problema. Afortunadamente, estos traumas se pueden arreglar. Los que están bajo sus efectos se recuperan a diferentes promedios, por lo que las personas que les rodean deben darles tiempo. Algunas personas lo harán más rápido que otras dependiendo de la severidad del trauma. Se ha demostrado que una terapia de grupo donde se pueden contar las experiencias, puede ayudar mucho en este sentido.

Cuando una personas está preparada para sobreponerse al problema, hay muchas opciones para poderlas ayudar, incluyendo ayuda profesional, medicación, terapias de yoga y relajación y otras técnicas. Se piensa que las personas que sufren de traumas prolongados deben reconciliarse consigo mismas en su mente, y volver a establecerse en el mundo que les ha tocado vivir. Se debe dejar el trauma como parte de un episodio de la vida, y no todo el libro.

 
 
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